ESPLENDOR EN LA HIERBA


Las montañas pasiegas

Arredondo al amanecer, en el valle del Asón

A caballo entre Burgos y Cantabria, las montañas del país del Pas, son las últimas de verdad en el extremo oriental de la Cordillera Cantábrica. Su modesta altura no debe engañarnos porque los grandes desniveles, la complejidad de su estructura caliza y los imponentes restos de su glaciarismo cuaternario avalan su importancia.
Además son montañas singulares, paradójicamente, gracias a la intervención humana sobre el paisaje natural. Hasta hace bien poco, porque aquella empieza a ser ya una amenaza.

El país pasiego
Las tres Villas Pasiegas son la Vega de Pas, San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera, en la vertiente norte de la cordillera entre el puerto de la Matanela y el Portillo de Lunada. Sin embargo la realidad del país pasiego desborda los estrechos límites de estos tres municipios de Cantabria y la geografía y la historia lo extiende a la vertiente sur burgalesa  (Espinosa de los Monteros) y en la norte, a los valles del Pisueña (Villacarriedo) y del alto Asón (Arredondo)… por lo menos.

Cara N.O. del Castro Valner. Incendio provocado en el valle  
La geografía
En este extremo oriental, la cordillera Cantábrica marca la divisoria de aguas entre el mar y el Ebro.
Ambas vertientes son bien distintas; mientras la sur, tiene desniveles modestos y desciende suavemente, la norte, con pendientes de vértigo, se precipita bruscamente más de mil metros formando una auténtica muralla sobre la costa. Por ello, la humedad proveniente del cercano océano y los vientos de norte favorecen una altísima pluviometría (2500 l/m2) y en invierno una innivación excepcional desde noviembre a mayo.
Esto y la acción del hombre han propiciado el desarrollo de las típicas praderías pastoriles, si bien a costa de una importante reducción del bosque atlántico.
También las lluvias han favorecido una intensísima karstificación de los suelos calizos (cuevas, simas, lapiaces, sumideros, surgencias, dolinas…) convirtiendo la zona en un paraíso para la espeleología.
La última glaciación ha dejado una morfología glaciar modélica y a muy baja altura, sobre todo en el Miera y el Asón (circos, morrenas, hombreras, bloques erráticos…).
Hoy, durante el largo invierno, la nieve y las avalanchas de la vertiente norte cierran todos los puertos (La Sía, Estacas de Trueba, Matanela y sobre todo Lunada) y la conexión entre Cantabria y Burgos debe hacerse dando un buen rodeo por las carreteras nacionales de los Tornos o del Escudo.
El techo de la región, el Castro Valnera sólo alcanza los 1718 m. pero que no quepa duda que es auténtica alta montaña que en cualquier otra cordillera de la Península merecería tener mil metros más. Otras cumbres reseñables son el pico de la Miel, Cubada Grande, Porracolina, Picón del Fraile, Peña Lusa…


Arco de Carlos III en la Cavada
La intervención del hombre
El bosque atlántico de robles y hayas ha quedado relegado a las laderas más umbrías o a los rincones menos accesibles debido a una deforestación histórica que, destruyendo en parte un paisaje, ha creado otro excepcional por sus valores naturales, históricos y etnológicos.
Desde siempre los bosques han sufrido la actividad carbonera, pero la cercanía de las montañas pasiegas a la bahía de Santander (30 kms.), en especial el valle del Miera, hizo que sus bosques también surtieran de madera durante siglos a los carpinteros de ribera. Sin embargo se recuperaban sin problemas de esta intervención a pequeña escala.
Pero a finales del siglo XVI el Real Astillero se instaló en la bahía para proveer de galeones oceánicos a la flota. Entonces sí, la necesidad de cantidades ingentes de madera -hasta el XVIII se votaron más de un centenar de navíos de envergadura-, empezó a hacer mella en los bosques cercanos.
Y si era poco, por las mismas fechas otra actividad, la fundición de cañones que utilizaba la madera como combustible aceleró el proceso. El mineral de hierro se extraía de cercanas minas al aire libre, como las de Cabárceno donde hoy se ha instalado el famoso Parque de la Naturaleza.
En el Bajo Miera, entre las minas y los bosques, en las localidades de Liérganes y la Cavada, se instaló una siderúrgica que, convertida en Real Fábrica de Cañones por Carlos III, alcanzó su máxima actividad en el siglo XVIII. El ejército y la flota se aprovisionaban de ingentes cantidades no solo de piezas de artillería, sino de todo tipo de armas, munición, herramientas de hierro… El bosque ya no lo pudo soportar.
Todo esto, que explica el predominio hoy de las praderías sobre los bosques en los valles pasiegos, no aclara otro rasgo característico del paisaje: la abundancia de cabañas ganaderas diseminadas por todas las laderas –cada familia poseías cinco o seis-, tan numerosas como aparentemente innecesarias.

Cabañas bajo la nieve en el Bernacho, donde el invierno es muy largo
La cabaña pasiega
Sin embargo la peculiar explotación ganadera de estos valles lo exigía.
Fue comunal y de mera supervivencia hasta el s. XVII en que empezó a convertirse en particular, lo que incrementó el número de reses en búsqueda de mayores rendimientos. Así que los ganaderos pasiegos fueron ampliando sus pastos sobre las zonas deforestadas por la Corona. Y lo hicieron con una peculiar trashumancia que ha llegado hasta nuestros días: la muda.
La familia y sus animales pasaban el invierno en la zona baja del valle, en la cabaña mejor acondicionada, la vividora. Conforme la nieve se retiraba, se desplazaban todos a otra cabaña más alta hasta agotar sus pastos y saltar a la siguiente; y así sucesivamente. Pasado el verano comenzaban la muda de regreso al valle.
A partir del siglo XIX, cuando ya habían decaído astilleros y siderurgia así como el férreo control que sobre el uso de los bosques imponía la Corona, los ganaderos pasiegos continuaron con la deforestación mediante talas e incendios buscando más pastos sobre los que construir más cabañas.
Hoy, en declive la actividad ganadera, muchas de estas cabañas están abandonadas o en ruina.
Por las que quedan en uso y cuando toque, el pasiego y su familia pasarán con sus vacas haciendo la muda, con sus enseres metidos en un cuévano a la espalda.

Instalaciones militares en el Picón del Fraile
¿Y en el futuro?
Si la intervención humana durante siglos ha terminado por configurar un paisaje nuevo y maravilloso, en los últimos tiempos se está yendo demasiado lejos. La estación de esquí de Lunada, la más pequeña y a menor altura de España, tiene intención de ampliarse hasta la cima del pico de la Miel. Desde su cima, mirando justo al otro lado del puerto, destaca la gran esfera-radar del escuadrón de Vigilancia Aérea nº12 en lo alto de otra cima emblemática, el Picón del Fraile, Y mirando al oeste, el airoso perfil del Castro Valnera sigue amenazado por el último proyecto de teleférico desde la Vega de Pas.
A pesar todo, las montañas pasiegas siguen siendo un escenario a descubrir para cualquier actividad en la naturaleza.
Pero son pequeñas; que no corra mucho la voz.

DER LANGE WEG


La larga travesía de los Alpes




La noticia ha sido que un equipo internacional de 7 alpinistas (entre ellos la española Nùria Picas) han partido el pasado 17 de marzo de Viena para intentar atravesar los Alpes hasta Niza con esquís en menos de 41 días, una proeza que no se ha repetido desde hace 47 años.
La noticia debería haber sido que en 1971, hace casi medio siglo, cuando adentrarse en cualquier montaña aún era una aventura de verdad por los riesgos asumidos y la incertidumbre del resultado, 4 montañeros austriacos se atrevieron a recorrer con esquís los 1.917 kms. de la cresta de los Alpes que separan Viena de Niza en 41 días, salvando 85.510 m de desnivel positivo. Nadie ha vuelto a intentarlo desde entonces… hasta hoy.

Pero no será lo mismo
Klaus Hoi va a supervisar el intento. A sus 76 años es el único superviviente del equipo que formaba con Robert Kittl, Hansjoerg Farbmacher y Hans Mariacher y que consiguió esa proeza.
Recortaron su programa inicial en dos semanas, encadenando etapas con promedios de más de 10 horas de actividad y 2.173 m. de desnivel positivo, y no despreciaron hacer las cumbres más importantes del recorrido como el Piz Palü (3.905), la punta Dufour (4.634 m.) o el Mont Blanc (4.810 m.). Eso sí, contaban con el apoyo de una pequeña furgoneta Volkwagen que les esperaba para el abastecimiento en los lugares previstos.
Sin teléfonos móviles, sin pronósticos meteorológicos ni partes de riesgo de aludes, sin GPS ni internet, sin Google Earth, sin ARVA, sin equipo ultraligero, sin esquís carving y rocker
Pero con un conocimiento de la montaña acumulado y diverso, con una potencia física y un entusiasmo envidiables y con una gran dominio de la técnica con un esquí estrecho, casi de fondo, con pieles sin pegamento y botas de cuero. Y en la cabeza el gorrito de lana.

Muy mal tendría que darse la cosa para que el selecto equipo no consiga batir el record de sus abuelos… 47 años después y con el apoyo de tres autocaravanas.


EL INCREIBLE RÍO MENGUANTE


100 años de que los ríos del Pirineo empezaran a convertirse en regatos. 
El caso del Ésera

 

El río Ésera nace en los macizos más importantes del Pirineo de Huesca y  su cuenca alta queda pronto estrangulada por el imponente congosto de Ventamillo. Desde siempre solo pudo salirse de allí por el vertiginoso camino de herradura que lo salvaba por alto entre El Run y Seira (hoy recuperado como PR-HU 50 y GR-15).
Pero en 1911, a golpe de pico y de barreno, la carretera se abrió camino hasta Benasque y el valle quedó abierto al exterior. Estrecha y de tierra, la recorrían más las viejas tartanas tiradas por caballerías que los nuevos y extraños vehículos a motor. Pero todo se andaría.
Castejón de Sos, en el llano de la Sositania que se abre a la salida del congosto, queda al otro lado del río y para llegar desde la nueva carretera, como no había puente, debía vadearse malamente la corriente incluso en época de estiaje.
Pero en 1918, el “año de la gripe”, de repente esto dejó de ser un problema para siempre,  porque uno de los ríos de montaña más caudaloso del Pirineo se convirtió, entre Villanova y Seira, en un regato que se cruzaba con el agua por los tobillos.

¿Cómo fue posible que esto sucediera en la cuenca de captación de aguas más importante del Pirineo, bajo las más altas cumbres, con los glaciares más grandes y las mayores acumulaciones de nieve?

 
Plan de Aigualluts y Aneto. Técnicos de Catalana de Gas estudian las posibilidades hidrológicas del Alto Ésera en 1914. Las aguas del Aneto desaparen en el Forau de Aigualluts y van a dar al Garona, con lo que no contribuyen al caudal de río Ésera. (Col. fotográfica de Catalana de Gas).

Antes de llegar al congosto, confluyen en el Ésera todo un ramillete de caudalosos ríos, aigüetas y barrancos: de Barbarisa y de la Vall que captan las aguas del macizo de Bagüeñola (3056 m.), de Eriste  y de Estós las del Posets (3375 m.), de Literola y Remuñé las del Perdiguero (3221 m.). Y esto solo por la derecha. Porque por la izquierda los barrancos de Cregüeña y Vallibierna aportan las aguas del Aneto (3404 m.) y no todas, que las del norte van al Garona por caprichos de la geología (Aigualluts).

Fue posible porque el progreso que trajo la carretera es lo que tiene, que nos da por un lado y nos quita por otro sin preguntarnos si en el intercambio salimos ganando. Y el progreso entonces pasaba por la utilización del agua para la obtención de electricidad a gran escala, la hulla blanca. Y para riegos, pero esa es otra historia.

El mismo año que llegó la carretera al valle, se creó en Castejón de Sos la “Sociedad Hidro-Electra de El Run, S.A.” con un capital de 50.000 pesetas, al objeto de  proporcionar “fuerza motriz y alumbrado… a los pueblos de El Run, Castejón de Sos, Arasanz, Liri, Ramastué, Sos, Sesué, Villanova, Chía y demás que convengan y acuerden”.
Un proyecto local, modesto y poco ambicioso. Simultáneamente en Barcelona se constituyó  “Catalana de Gas y Electricidad” con un capital de 12 millones de pesetas con la intención de abastecer de ingentes cantidades de electricidad a la pujante industria de la ciudad condal. Esta sociedad se hizo con la concesión de un salto de agua que aprovecharía el desnivel entre Villanova y Seira. La primera y mayor central hidroeléctrica de España.

Las obras se iniciaron al año siguiente, 1912.
En Villanova, el impetuoso Ésera se remansó en una presa que desviaba sus aguas por un canal y un túnel de casi nueve kilómetros horadando la Sierra de Chía hasta salir a la luz pasado el congosto de Ventamillo, sobre Seira. Desde entonces fue Seira el Viejo porque hubo que levantar un pueblo nuevo junto a la carretera para acoger a técnicos y obreros (llegaron a ser más de dos mil). Allí se construyó la central cuyas turbinas recibirían el agua por dos gruesas tuberías de presión que salvaban un desnivel de 144 m. El tendido eléctrico de alta tensión de 220 kms. llevaría la electricidad hasta Barcelona.
No era tarea fácil proveer a las obras de materiales, muchos importados del extranjero, cuando el tren sólo llegaba hasta Barbastro. Y luego llegó la Gran Guerra a complicarlo todo y después la crisis de 1917.

 
Montaje de la tubería de presión llegada desde Zurich. Sólo se instaló una por falta de acero debido a la Primera Guerra Mundial. La segunda prevista se instaló en 1929. (Col. Fotográfica de Catalana de Gas y Electricidad).

Ese año el CEC (Centre Excursionista de Catalunya) organizó una visita al refugio de la Renclusa que no había podido ser inaugurado el año anterior por la desgraciada muerte en el Aneto de su guarda, José Sayó de Benasque. Importantes socios del club y miembros de la burguesía industrial catalana querían aprovechar el viaje y visitar las obras de la central, pero la huelga general y la agitación social en Barcelona desaconsejaron el viaje.
Al poco, y más discretamente, el socio y diputado por la Lliga Regionalista Francesc Cambó se presentó en Seira y comprobó el retraso de las obras. No debió gustarle mucho siendo además accionista de Catalana de Gas.
A mediados de julio del año siguiente, 1918, la Guerra Europea estaba terminando, las revueltas habían sido reprimidas por un gobierno de concentración nacional del que formaba parte la Lliga, Cambó ya era ministro de Fomento y las obras estaban concluidas. Los primeros kilovatios de la central de Seira llegaban a Barcelona.

Y el bravo Ésera se convirtió para siempre en un riachuelo a su paso por la Sositania. Por eso vadearlo hasta Castejón de Sos ya no supuso ningún problema y, quizá también, el viejo y estrecho puente hoy ya demolido no se construyó hasta 1932.

Pero esto sólo fue el principio del domeñamiento del Alto Ésera en aras del progreso eléctrico: En 1920 se construyó la central de Argóné, en 1929 la de Campo, en 1964 la de Sesué, en 1972 la de Eriste, todas con sus correspondiente presas para desviar el agua por conducciones subterráneas hasta el salto correspondiente. Desde el embalse de Paso Nuevo en el llano de Senarta hasta Campo el agua del río discurre bajo tierra.
En 1914, cuando se construía Seira el Nuevo, se plantó un árbol singular junto al Albergue Juvenil: la sequoya de la Colonia. Hoy, bien visible junto a la carretera, con más de cien años y treinta y seis metros de altura es testigo vivo de lo que sucedió.

DE MAPAS, MONTAÑEROS Y ESPIAS


Lago de Ándara (macizo Oriental de Picos) según grabado de Boucher, desaparecido por las voladuras de las explotaciones mineras.


Jean Marie Hippolyte Aymar d´Arlot, al que llamaremos simplemente conde de Saint-Saud (1853-1951), o mejor Saint-Saud a secas, fue uno de los más importantes pirineistas franceses de la segunda generación.

Pico Saint-Saud desde el Camboué
Por eso llegó tarde a la conquista de las cumbres más importantes del Pirineo. Aunque aún se hizo con algunas primeras como el pico Algas o el Comapedrosa. Una punta de 3003 m., en un rincón escondido en la trasera del Gourgs-Blancs que, salvo coleccionistas de tresmiles, nadie visita, lleva su nombre.

 


  





Punta Labrouche, risco Saint-Saud y Torrecerredo
Sin embargo fue el primero en descubrir los Picos de Europa y ascendió un montón de cumbres vírgenes (Morra de Lechugales, Peña Vieja…), entre ellas el techo de Picos y de toda la cordillera Cantábrica, el Torrecerredo. Muy cerca, en su cresta N.E., una afilada cumbre secundaria de 2560 m. que nadie sube, se llama risco Saint-Saud.
Todo ello con permiso de los lugareños que probablemente subieran antes pero que no descubrieron nada porque descubrir supone siempre dar a conocer.




A veces surgen relaciones inesperadas entre algunos acontecimientos. Lejanos, inconexos y desproporcionados, terminan unidos inexorablemente por la voluble causalidad (no casualidad) de manera no siempre comprensible, como la mariposa de Lorenz cuyo aleteo en Brasil hace aparecer un tornado en Texas?.  (Teoría del caos)



Acontecimiento 1
Napoleón III preso trás Sedán, junto a Bismarck
En 1870, inopinadamente, la Francia del II Imperio se hundió en unas pocas semanas en la guerra que la enfrentaba a Prusia. Una derrota humillante además porque Napoleón III cayó preso en Sedán y, para más inri, el vencedor, Bismarck, proclamó el II Reich alemán en el mismísimo palacio de Versalles en París. Francia perdió las ricas regiones de Alsacia y Lorena.
Las dos guerras mundiales hundieron sus raíces en esta breve contienda. El longevo Saint-Saud fue testigo de las tres.


Acontecimiento 2
Lejos de allí, en los Pirineos, a pesar del auge que había tomando el pirineismo y de haberse ya conquistado sus principales cimas, el conocimiento general de la cordillera era escaso, sobre todo en la vertiente sur.
Muy lejos de allí, más al oeste, los Picos de Europa sin piquismo eran completamente desconocidos. Sólo los navegantes que los avistaban al acercarse al continente les habían dado ese nombre.

Acontecimiento 3
En pocos años todos los Pirineos, incluidos los españoles, así como los tres macizos de los Picos de Europa y zonas aledañas de la Cordillera habían sido recorridos, estudiados, descritos, cartografiados y dados a conocer. Y no por españoles sino por franceses. Los que habían perdido la guerra franco-prusiana de 1870 y precisamente por ello.

La mariposa estaba en Sedán y el tornado se desencadenó en los Picos.
La III República surgida en 1871 achacó la derrota a la deficiencia del ejército francés en el conocimiento del terreno, de su propio terreno, frente al alemán. En definitiva, la cartografía alemana del teatro de operaciones en Francia era muy superior a la francesa.
Hubo otros motivos que afectaban a la incapacidad de los mandos, a la impulsividad del emperador… en definitiva a las personas pero, por eso mismo se obviaron. La culpa era de los mapas.
En el clima de revancha de las décadas que se avecinaban había que subsanar esta deficiencia y el Estado Mayor francés encargó al coronel Ferdinand Prudent la realización de la Carte du Dépôt de Fortifications que debía incluir no solo los territorios de Francia sino también los trasfronterizos con todos los países vecinos, Alemania por supuesto pero también España. Con la dificultad de tener que recabar información en países extranjeros potencialmente enemigos (harían falta espías) y la añadida en el caso del norte de España de que era un territorio prácticamente desconocido y además muy montañoso (harían falta montañeros).

Saint-Saud en la brecha de Tucarroya
Por suerte Francia era la patria del alpinismo y del pirineismo. El CAF (1874) agrupaba a los mejores montañeros y en él encontró Prudent, que también era socio,  a los hombres que necesitaba: Schrader, Lourde-Rocheblave,  Labrouche y, sobre todo, Saint-Saud, a los que proporcionó instrumental cartográfico y aleccionó en su complejo manejo para la obtención de datos. Sin demasiadas precauciones.
Desde 1877 y hasta 1890 Saint-Saud recorrió la cordillera, en especial por su vertiente menos conocida, la española y la andorrana, proporcionando junto a otros muchos pirineistas miles de datos con los que el coronel Prudent  elaboró en 1882 un mapa de los Pirineos españoles y en 1893, un mapa general de la cordillera fue muy utilizado hasta bien entrado el siglo XX especialmentre por los montañeros.
Se etiqueta desde este lado de la cordillera a Saint-Saud y a sus compañeros de ser espías al servicio de Francia. Y lo son si consideramos que sus observaciones de los Pirineos españoles fueron inspiradas y aprovechadas por Prudent con fines militares.
Sin embargo, todos estos trabajos no debían ser desconocidos para las autoridades españolas cuando el mismo Prudent recabó información de los geógrafos españoles Carlos Ibáñez de Íbero y Francisco de Coello. El mismo Saint-Saud contaba con el apoyo del gobierno de Madrid y un misterioso salvoconducto que rompía todos los recelos de las autoridades locales. Incluso se entrevistó en el balneario de Panticosa con el presidente Sagasta.
Quienes colaboraron en la Hoja XIII de la Carte de France a pequeña escala (1:500.000) de Prudent publicaron sus propios trabajos en mapas locales a gran escala (Monte Perdido 1:40.000, Schrader 1874) antes de que apareciera aquel, con mucho más detalle en la toponimia, las alturas, las curvas de nivel… porque su interés deportivo estaba por encima de su patriotismo. Todos tuvieron difusión en este lado de la cordillera, especialmente en Cataluña donde el pirineismo despuntaba desde el CEC.
No ha habido tareas de espionaje menos secretas ni más difundidas.

Mapa de los Picos de Europa según el coronel Prudent, 1893


Terminado su trabajo en los Pirineos, Saint-Saud siguió colaborando con Prudent: la Hoja XIV debía incluir la costa norte de la península y los “Pirineos cantábricos”. Pero también dio satisfacción a su curiosidad y afición: en marzo de 1882, en un viaje a Santiago de Compostela, descubrió desde el alto del Turujal en Cantabria la silueta nevada de los Picos de Europa. Desde 1890 los visitará en ocho campañas de exploración. Ya anciano aún volverá una vez más. Diez visitas, no está nada mal.
Antes de empezar su primera campaña en 1890, pasó por Madrid para impartir una conferencia sobre los Pirineos en la Real Sociedad Geográfica Española. Aprovechó para conseguir cartas de recomendación para las compañías mineras que operaban en Picos.
En 1891 reanudó sus exploraciones.

Acampados en la cima del Espigüete, 1892. De izq. a dr. Françóis Bernard-Salles, Paul Labrouche, Tomás Casado-Casquero de Valverde de la Sierra y Vicentón Marcos de Soto de Valdeón.


La larga campaña de 1892, la tercera, fue la más provechosa y la más claramente deportiva. Acompañado de su amigo habitual Paul Labrouche y del guía de Gavarnie François Bernat-Salles que contaba con la primera al couloir de Gaube en el Vignemale, consiguen, entre otras numerosas cumbres, la primera a Torrecerredo. Además del risco Saint-Saud, en la misma cresta noreste sobresale la Torre de Labrouche.
Al año siguiente, 1893, desde el pico Albo describió el Naranjo de Bulnes como  “…una cima cuyo acceso parece prohibido a los hombres, como también lo está para los rebecos”.
En 1906, tras un paréntesis de trece años, volvió en dos ocasiones, en julio y en septiembre. En esta ocasión le acompañaba como guía, entre otros, Gregorio Pérez, el Cainejo, que dos años antes ya había guiado a don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, hasta la cima del inaccesible Picu.
Volverá aún a rematar sus trabajos en 1907 y 1908.

Gregorio Pérez, el Cainejo
Saint-Saud ni siquiera se planteó subir al Naranjo, aunque el marqués argumentó que su ascensión pretendía evitar que los extranjeros se llevaran la gesta. Pero no hay otras montañas cuyo descubrimiento y estudio esté más ligado a un personaje: a su llegada las encontró salvajes y desconocidas y cuando volvió por última vez en 1924 para enseñárselas a sus hijas, por iniciativa de su amigo el marqués de Villaviciosa, Covadonga era ya parque nacional. En lo deportivo había hecho las primeras ascensiones a la Morra de Lechugales, a Torrecerredo y a la Peña Santa, los techos de los tres macizos, y a un sinfín de otras cimas importantes. En lo divulgativo había publicado su Monographie des Picos de Europa y realizado un mapa general a escala 1:100.000 y otros tres más, uno por cada macizo, a 1:50.000. Bueno, en verdad los hizo, basándose en sus datos, croquis, fotos y dibujos, el coronel León Maury, que ya había tomado el relevo de Ferdinand Prudent en la dirección del servicio cartográfico del ejército francés.